Cada trama que la naturaleza teje ocurre una sola vez, en un instante que no regresa. En el fuego y el metal encuentro la forma de hacerla permanecer.

EL ORIGEN

La Colección Orgánica es mi espacio de investigación. Acá pruebo técnicas tradicionales junto con otras más experimentales, y busco formas que no podría dibujar, volúmenes que no se repiten, tramas intrincadas, superficies que se mueven de maneras imprevistas. Trabajo en plata 925.

Lo que une a todas estas piezas es una forma de trabajar. Imaginar, probar, ver qué pasa, quedarme con lo que me sorprende, descartar lo que no funciona y volver a empezar. El resultado casi nunca es el que planeé, y esa es la parte que más disfruto.

PERPETUAR LO EFÍMERO

Una de las técnicas que exploro es conocida en joyería como casting, la fundición de elementos naturales. Probé con hojas, flores, frutos y hasta papel. Lo que más me interesa de esos materiales es su estructura y sus texturas, y por ahora no busco una representación fiel de ellos. Para algunas joyas de esta colección elegí fibras vegetales por su trama, una red tan particular que, una vez en metal, se vuelve pura forma.

Elijo con cuidado esos elementos y los sumerjo en un baño de resinas naturales, parafina y ceras que les da cuerpo. Después se funden a la cera perdida. En el horno, el original se consume y deja su forma vacía dentro del molde, donde entra la plata.

Así, lo que se marchitaba en días se perpetúa en metal.

El resultado son piezas únicas en dos sentidos. En lo material, nacen de elementos naturales irrepetibles, y sus tramas son tan complejas que resulta muy difícil fabricar moldes para producirlas en serie. En lo conceptual, me interesa respetar la variabilidad de la naturaleza, donde todo es singular desde el inicio de los tiempos.

Cada fundición es también una apuesta. Del horno puede volver una estructura hermosa o un amasijo informe de plata. Sobre eso no tengo ningún control, y el resultado siempre es incierto. Cuando todo sale bien, pulo la pieza con mucho cuidado, buscando conservar la textura que trajo del fuego, y la convierto en una joya que solo vos vas a tener.

Un experimento continuo

Otras veces trabajo con lo que encuentro. Sal gruesa, arroz, maíz, pimienta, lentejas, nueces partidas, fideos secos, superficies con texturas curiosas, todo sirve para probar. Derrito la plata y la vuelco sobre estos elementos. El metal líquido corre entre ellos, se abre paso y se enfría en formas extrañas, surreales, imprevistas. Una vez más, le cedo el control al azar. Después las limpio, elijo las que me inspiran y con ellas armo las joyas.

También trabajo la cera perdida por goteo. Con un pequeño soldador manual voy derritiendo distintas ceras y armando formas ondulantes, con ritmos improvisados. Probé incluso con una pistola de silicona, y con ella los trazos salen más gestuales y sueltos.

En otras ocasiones tallo un bloque de cera y, cuando todo parece terminado, le doy unas pasadas de soplete. Las llamas hacen lo suyo, la cera se derrite, la forma se desarma y aparece algo que nunca hubiera podido planear de antemano ni ejecutar a propósito. De ahí nacen estas joyas.

UN CAMINO PERSONAL

Desde muy chico me fascinó la naturaleza. Coleccionaba hojas caídas de los árboles e insectos que atrapábamos con mi mejor amigo de la infancia, recorriendo nuestro pequeño mundo permitido, una vuelta a la manzana o un paseo por la plaza del barrio.

A partir de los 12 años viví un tiempo en el Chaco, y ahí la naturaleza explotó ante mis ojos. Mi vida se llenó de animales entrañables. Tuve siete perros que amé con locura y que me acompañaban en todas mis aventuras, una cotorra, una iguana que comía de mi mano y varias lagartijas. Crié un guazuncho huérfano, un ciervito del norte argentino, hasta que pudo valerse solo. Con mi padre rescatamos del monte un osito melero herido. Tratamos de curarlo, pero no sobrevivió a una herida que ya estaba infectada.

En las afueras de Roque Sáenz Peña vivía rodeado de gallinas, pájaros de todo tipo, algunas serpientes y una variedad asombrosa de insectos. Cuando visité Misiones, encontré hormigas, escarabajos y mariposas de tamaños y formas que nunca había imaginado.

Así que no fue casualidad que, cuando mis padres se opusieron a mi idea de estudiar Bellas Artes, me inclinara por Ciencias Veterinarias en la UBA como mi primera carrera universitaria. Es una facultad que amo, donde me formé como persona, que me nutrió de conocimientos invalorables y me regaló amigos muy queridos que todavía conservo.

Más tarde pude recorrer el camino del arte que siempre había querido, pero ese enorme amor por los animales y esa fascinación por la naturaleza ya estaban marcados en mí de forma indeleble. Hoy me alegra poder reunirlos en esta nueva experiencia, entre el fuego y el metal.

PENSADA PARA VOS

Pensé esta colección para mujeres a las que les atrae lo raro y lo inesperado. Que disfrutan de lo irregular, de lo que no parece forzado, de lo que tiene movimiento. Que eligen un estilo propio, sencillo pero con profundidad, y se animan a llevar en la mano algo que no se parece a nada que hayan visto.

Joyas que acompañan la manera en que cada una usa las manos y se expresa, en el día a día o en una ocasión especial. Y que invitan a ese momento en que alguien mira la mano y pregunta de qué está hecho.